lunes, 19 de junio de 2017

Tres décadas

            ¿Qué siente una mujer de treinta años? ¿Qué debería ser una mujer de treinta años? Podemos estar horas debatiendo acerca de las respuestas más acertadas, más amables para la norma. Pero nuestras historias escapan de lo ya establecido, empaquetado al vacío. 
           Estoy por cumplir treinta y uno. Jamás imaginé esa edad. Ni mucho menos los roles que ocuparía, ni los amores que perdería, ni los deseos que me harían seguir recorriendo el camino. Aún imaginada seguramente tampoco coincidiría con la realidad. ¿Cuál es la realidad? Frente al espejo tampoco mi rostro delata ese número de calendario. Las experiencias marcaron los surcos de mi alma, aún entera por más llantos derramados. Algo me dice que la luz violeta enfocará el próximo paso. Otros deseos para pedir. Uno, dos, tres... antes un secreto: el amor siempre salva. 

Deborah Valado // Junio 2017

domingo, 14 de mayo de 2017

Disciplina, Locura y Amor // Parte XVIII

¿Cómo vivimos? Como amamos. Un rejunte de sensaciones, de pensamientos, de historias, de frustraciones, de triunfos, de momentos compartidos. Cuando otra vez nos lanzamos al vacío, vuelven las dudas, los miedos, las hipótesis, las nuevas certezas. 
Ser caos. 
                     Ser por lo que se siente.  
Confusión.
Las traiciones no existen, decían por ahí. Cada cual es responsable de las expectativas que deposita en el otro. 
                Cerrar etapas. ¿Se cierran las etapas cuando nunca nos despegamos de las personas con las que terminamos una relación? ¿Existen esas amistades luego de ser pareja? No hay nada que me convenza. Es más, sigo creyendo en el camuflaje del miedo. 
                ¿Nos jugamos? ¿Nos dejamos llevar por la estructuras? ¿El amor se analiza? 
               Si amamos, construimos. Si amamos y no somos valientes, nos alejamos. También si no amamos, nos alejamos y creamos otras excusas como las amistades, porque no somos capaces de superar el vacío. 

Deborah Valado // Mayo 2017

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Último posteo del año: Un año multicolor

Así había comenzado el año, con los pies en el Delta, lejos de la gran urbe, desconectada de los medios tecnológicos, de los otros no presentes. Al día siguiente, al volver, encendí de nuevo la computadora. Había recibido un mensaje de quien luego sería mi pareja. Lo que resonó de lo que escribió fue el deseo de un año multicolor. Entonces, le pregunté qué significaba, me dijo que me deseaba que no fuera monótono. Y así no lo fue. Demasiados vaivenes, desde lo personal, el amor, lo laboral, lo estudiantil, lo familiar. Admito que me abundó una mirada negativa. ¡Cómo cuesta el disfrute! Por otro lado, por no renunciar al disfrute, la firmeza de abandonar lo que no coincide con las convicciones. ¡Cómo cuesta la coherencia! Otro año que la energía estuvo dispersa y se notó, no pude concluir varios proyectos, la lengua afuera del tarro. ¡Pero qué horror! Hubiera sido peor aceptar todo. Pero a la vez, se cumplieron proyectos impensados, nuevos trabajos, un gran viaje a los viejos continentes, volver a enamorarme, otras casas, la atracción del folclore, otros estudios... Y llegué con la lengua afuera del tarro. No quiero desear nada para el año entrante, hay que hacer. ¿Qué más dedir? Sólo quiero cosas simples.

Deborah Valado // Diciembre 2016 

Año de agua. Desde el Delta hasta el Atlántico desde las orillas de Marruecos. 

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Disciplina, Locura y Amor // Parte XVII

En el amor tengo todas las derrotas que pueden resistir las válvulas del corazón. Algo en el cosmos no estaré entendiendo. Ergo nada se corresponde a mi deseo. Ese deseo tan intenso se diluye en la corriente de lágrimas cada noche que vuelvo a reposar en la soledad de mi almohada. Un paso y seguimos avanzando. ¿Pero hacia dónde queremos avanzar? ¿Por qué cuesta tanto disfrutar antes que se forme la nube negra del mañana? Tal vez eso es lo que tenga que aprender.... el aquí y el ahora. 

Deborah Valado // Diciembre 2016

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Disciplina, Locura y Amor // PARTE XVI

¿Qué es estar enamorada? Cada vez que me lo preguntan respondo que es... Sí, suelo dejar puntos suspensivos, suelo responder mediante acciones hacia la persona de la cual estaría enamorada. Estaría porque según lo que se entienda comenzaría a formar la respuesta. Pero tampoco opto por los condicionales. Estamos o no estamos. ¿Qué sería estar medio enamorada? Ahora estoy totalmente enamorada. Pero cómo, ¿no era que no sabia qué era estarlo? Me alejo de las mariposas.  También de las cosquillas. Lo que marca que lo estoy es el simple impulso de hacer con el otro. Cualquier excusa comienza a crearse con el mero fin de compartir. ¿Acaso la vida no es compartir? ¿Qué somos sin compartir? El amor es compartir. En el medio, hacia el otro hay un camino de deseos, propios y ajenos. ¿Cómo convivimos entre tantos deseos? ¿Cómo entender al otro? ¿Cómo entender a una misma? ¿Cómo no atarnos al miedo? ¿Sabes qué, flaco? Estoy enamorada de vos. No hay tantos misterios más, que querer mi vida con vos. Y allí en la diferencia puede aparecer la noche. O puede aparecer otro buen día para crecer juntos. Pero de todo, lo mejor es que seamos lo que nos haga ser sin quedar atrapados en el ser. 

Deborah Valado // Diciembre 2016

martes, 9 de agosto de 2016

Viajar para...

Viajar para
aprender del olvido
recorrer la duda
despertar en otros amaneceres
respirar el aroma de lo extraño
adentrarnos en nuestro río
treparnos al árbol de la vida
enfrentarnos a la luna
descubrir que somos lo que caminamos
y quienes aún nos esperan en la casa
con una taza de té caliente.

Deborah Valado // Agosto 2016 

jueves, 9 de junio de 2016

Disciplina, Locura y Amor // PARTE XV






        Los números pares suelen ser de la suerte, suelen crear imágenes más estables, más simétricas. Pero ¿a quién vamos a mentir? Todo termina naciendo de nuestra nube mágica denominada cerebro. Aunque solos no podemos ni crear una imagen, necesitamos primero del seno social. Una y otra vez estoy creando escenas, a veces suelen ser más potentes que la realidad que eriza mi piel. Una y otra vez mi cuerpo siente y no hay idea que pueda contrariarlo. A un mes de mis 30 años aún no logré ganar la batalla entre mis estructuras y mis impulsos; sigo atada a mis antepasados más sangrientos.


        Sólo puedo seguir apostando al amor, allí todo vuelve a ser iluminado por el sol. ¿Qué más que no sea amor? Amor para construir, para ser lo que podemos ser con el otro que nos hace mejor. (Crecer sin esas ambiciones oscuras, ser mejor para no caernos en el infierno de la vulgar comodidad.) 


      ¿Pero qué implica cumplir 30 años? Las condenas sociales nunca van a desaparecer, solamente podemos hacernos fuertes mediante las propias convicciones. ¡Bombas! ¡Bombas! ¡Bombas! No tengo que pedir permiso para ser feliz, tengo que serlo. 






Deborah Valado // Junio 2016