martes, 27 de diciembre de 2011

“No te vayas ,con amor o sin él”

Alienación y locura: dos componentes claves en el mundo teatral de Norman Briski.  Su obra  “No te vayas ,con amor o sin  él”  - escrita, dirigida por él - desde el pasado 26 de marzo hasta fines de noviembre   puso  sobre las tablas del Teatro Caliban , con matices provocadores y surrealistas,  la historia de una  señora y su mucama como metáfora del poder y  de la dependencia  en la sociedad capitalista.  El tan merecido éxito de la obra nos permitirá volver a disfrutarla ya que la misma se reestrenará el próximo 24 de marzo.
Cada obra cuenta con la anécdota de su inicio. Carolina Molini cursaba junto a Eliana Wassermann  un seminario de comicidad a cargo de Mariana Briski.  En una clase pasaron una escena  y luego se dieron cuenta que Norman tenía una obra parecida. La leyeron y al domingo siguiente  a las 7:30  de la mañana sonó el teléfono en la casa de Carolina, era Eliana. A partir de allí, los respectivos personajes de “No te vayas…”  empezaron a tener cuerpo.

Deborah Valado: ¿Cómo empezaron a crecer los personajes en el ensayo?

Eliana Wassermann: Mi rol tuvo una inconciencia de cómo fue creciendo adentro mío. Lo que si recuerdo es que tenía demasiados excesos de maldad. Terminaba una función y pasaba que  había un clavo o un pelito que sobresalía de la silla y a mi me agarraba como un ataque de llanto. Y ahí paré para revisarme. Me dije “no sos esta persona”, pero sí lo era y lo  soy. Entonces,  empecé a darme cuenta cómo quedas pegado con un rol tan fuerte, tan contradictorio, que tiene tanto amor, pero que tiene poder y le gusta ese poder. Eso fue la instancia con los ensayos y una vez estrenada la obra,  creo que también siguió creciendo el rol adentro, pero  ya estaba mucho más alejado de mí. Llegué a creérmela sin juzgarla  y a buscar todos esos aspectos que tenía y tengo  y ponerlos al servicio de la escena y después reprimirlos durante toda la semana.  Y en términos comparativos con Caro, lo ha dicho Norman, me costó más llegar al rol.


Carolina Molini: La idea era buscar el perfil de la señorita y después de la hermana y no hacer el chiste de que la misma actriz hace diferentes personajes. La obra tiene muchos juegos, la misma actriz hace dos personajes, suena un teléfono y en realidad no suena. La idea,  como actriz, es que sea verdadero, verosímil y también llevar como medio surrealista algunas cosas. Jugar, entonces, a que eso me pasa a mí de verdad en ese momento. El desafío fue eso, principalmente, hacer de la hermana.

Deborah:   ¿Cómo fue el rol de Director de Briski? 

Eliana: El nos dio bastante libertad para que juguemos, investiguemos  y a partir de un momento, creo que viene después  de la puesta en escena, él se puso a fijarse en los estados que estábamos teniendo o si había un error  interpretativo por parte de nosotras, o alguna modificación que surgía por una interpretación nuestra del texto y  él no la tenía en cuenta. En sí,  se volvió presente hacia el final.

Carolina: Sí, estuvo muy pendiente de las actuaciones. Esto de bajar la comedia, si es un chiste  que lo sea agrede y  que no sea porque la actriz está regodeándose en lo suyo. En  buscar esos saltos de estados, que el estado cambie  sin que haya una larga transición. Y que  la misma  sea un ritmo interno del actor, que no sea porque  de repente él la señalara.  

Deborah:   ¿Qué lectura general tienen de la obra?


Eliana: La  clásica alienación de clase.  Es una metáfora, es una manera de bajar una ideología tan profunda sin ser una obra panflentearia y te deja  la pregunta: ¿esto va a seguir así? Sí, va a seguir así todo.

Carolina: Nadie se salva, estamos todos dentro de este sistema. También jugamos con lo siniestro, que es una cierta dependencia y todos estamos dependiendo de alguien y también hacemos depender a otros, en  menor o mayor medida.

Deborah:     ¿Cómo podrían definir  la cultura del Teatro Caliban?

Eliana: Hablar de Caliban como institución es vaciarlo un poco. Son todas las cooperativas, que tienen muchísima libertad para crear. Mayoritariamente, para llegar a realizar una obra en un teatro no tenés el lugar disponible para el proceso de crear de un año. El Caliban sí lo permite. Hay libertad para jugar, no hay una imposición estética. Hay elecciones.

Deborah: ¿Cómo consideran el estado actual del teatro independiente?


Eliana: Lo de independiente  está en crisis. Estoy elaborando un  trabajo de investigación en el cual cuestionamos el concepto de lo independiente. Creemos que abría que  inventar un nuevo nombre, porque el movimiento de teatro independiente nació  en los 30 porque estaban justamente en contra de los subsidios del Estado, con cuestiones ideológicas que, por suerte también cambiaron hasta ahora,  que querían cambiar el mundo, que es lindo subir a escena para cambiar el mundo, pero creo que es infantil  pensar que con el teatro podes hacer revolución. Es lindo tomarlo como una herramienta que acompañe movimientos, pero lo que rechazo es el lugar paternal, o el lugar de la sabiduría, desde una elite cultural que viene a enseñarle al público que  esto es lo que hay que pensar, esto es lo que no hay que pensar. Y  es algo que ha formado parte de la ideología del teatro independiente que después fue modificado con Gambaro  y Pablosky. La palabra independiente era en relación del estado, ahora creo que habría que buscar otra, porque gran parte de la actividad del teatro está subsidiada por el  estado. Que no está ni bien ni mal, son las reglas de la democracia. Ya no hay tanta autogestión, ahora hay como que pequeñas contrataciones por fuera.

Deborah:   ¿Cuál  piensan que es el rol  del actor en la sociedad?

Carolina: Salir a actuar y estar. El estar presente es el hallazgo del arte de la actuación. El aquí y ahora con lo que pasa, y todas las funciones no es lo mismo.


Eliana: Advertir. Ser militante de la advertencia.


Deborah: ¿Qué es lo que les produce salir a escena?

Carolina: Si vos te vas a poner en escena, te expones en escena ficcionalmente, te tenés que cuestionar lo que estás haciendo, si no se nota, se nota la clase social, la ideología, todo.  Entonces, al exponerse todo, te lo vas a cuestionar, porque si querés ser actor alguna modificación tenés que hacer.  O por lo menos pensarlo, ser conciente.

Eliana: El teatro es como un hecho repulsivo.  Te lleva a indagar, a ser curioso,  a cuestionarte qué querés ser, qué estás haciendo,  en fin,  te moviliza. Una critica… una se dice “quiero ser actriz”, pero  la pregunta es: ¿actriz de qué? Sería interesante saber actriz para qué, buscarlo, qué querés decir, que tenés en tu propia dramaturgia.


Deborah Valado // 2011 

jueves, 15 de diciembre de 2011

Pareciera


Pareciera que no puede pasarle nada más afortunado a alguien que regocijarse en si mismo. ¡No hay cosa que les resulte menos problemático! Si partimos de una personalidad tan obsesivamente egocentrista y nos proponemos  encontrar un hilo descocido nos encontramos que no hay problema real, todo ya está resuelto. Creo que no hay mayor peso que eso…

Si entera y perfecta es la vida,
No hay nada más caótico
E involuntariamente desubicado
Que la muerte.
Y si hay alguna posibilidad
De que luego de ella haya “vida”,
No habría más que animales y plantas
En el cielo.
Seguimos en la historia
Y la teoría evolutiva
Nos dice que tampoco puede haber
Ese tipo de vida en el cielo.
Yo prefiero mis alas
Y mis palabras de algodón
Para llegar planeando
Hasta el sol.

¡Creole! ¡Creole! Ni el cocoliche esta en la Real-Lengua-Primer-Mundista. Y eso que al lunfardo no le sobran letras… Las jergas no tienen límites. Ni la mía. Es lo que las hace hermosas, la estructura llego para quedarse pero se olvido de subirse al colectivo. Se quedo en la calesita, está girando y girando y no puede agarrar la sortija. Por eso se amotino en el centro, orgullosa y banal. Egocéntrica. No le hacen falta letras, le hacen falta errores de ortografía. Miles.

Federico Secchi // 2011

jueves, 8 de diciembre de 2011

Disciplina, locura y amor : PARTE III


Las palabras siempre van a volver  buscando refugios en placeres pasados, pero lo agrio siempre moviliza más la trama.  Aunque no quiero derrocharlas en fragmentos de lágrimas, ni en tapizar tumbas. Tampoco ser previsible en la enumeración de conflictos con mi sexo opuesto.
  Se torna difícil la labor de completar esta blanca carilla del Word. Si bien no es obligación hacerla, tan sólo  es un gusto por destripar al ser interior, escupir la latencia del dolor que flota entre los vasos sanguíneos.   Tal vez  espero descubrir el oro detrás de mi oscuridad o el límite de la crueldad para conmigo misma. Igualmente, antes que nada, debería recordar, como dijo mi maestro,  que en la intensa exploración  del  propio lodo  se construirá  el mayor revolver de la reforma: el odio. Por consiguiente, si negamos nuestro lado impuro sólo se esconderán las barbaries que más vitalidad nos dan para avanzar y, por lo tanto, nos quedaremos replegados al continuo orden impuesto por aquellas voces que se suponen legítimas.  Entonces, mi impulso es retroceder a mi naturaleza más salvaje, a mis  instintos más caníbales y asesinos  para escupir sobre las cartas ya repartidas y exigir nuevas partidas. 
Entre tantos discursos, la mayoría de las frases se vuelven banales, el ahora sin un acto sobre la realidad externa de la virtualidad se disipa  fugazmente como los pompones de algodón de azúcar en la boca de los infantes. Hay un sentido y allí radica uno de los primeros errores,  no hay un sentido, hay múltiples, pero la imposición desde varias oficinas magistrales nos hacen ceder esos sentidos para la formación de uno  aparentemente  inalterable  hasta una nueva lluvia de meteoros.
Con todo esto, al final no logré volver sobre ningún hecho particular que me haya conmovido hasta los pelos más rebeldes de depilar, no obstante,    creo que siempre es productivo delirar para hacer emerger nuevos conflictos aún no resueltos. Al fin y al cabo, en la resolución absoluta estaría el aburrimiento sin movimiento. Tampoco esa es la gracia. Ni  sé bien cuál es. Por ahora me conformo con un plato de ravioles con mucha salsa y queso, pero esa conformidad  aplasta cualquier idea de transformación,  y  por lo tanto me pregunto: ¿de verdad queremos transformar algo ó la alocución de la rebeldía es tan sólo una moda por los niños con padres  que les brindan una asegurada sustentabilidad social y económica?  

Deborah Valado //2011

sábado, 26 de noviembre de 2011

Disciplina, locura y amor // PARTE DOS


Respiro, suspiro, transpiro ; no puedo ocultar mi absoluta incomodidad de compartir el ascensor con ese vecino que vuelve a comentarme la temperatura del día. Sujeto apreciable por su gentileza, despreciable por su muerta vida de oficinista, de espectador de televisión basura, de visitador de shoppings, de comprador de ofertas fantasmales.
Llego a mi piso, me abre la puerta, me  bendice con su saludo, ya sin ganas a penas le sonrío.  Entro a mi vida, las boletas tiradas a la par de la alfombra delatan  mi soltería, nadie va a preocuparse ni ocuparse de pagar mis gastos. Me recuesto en el sofá, prendo la radio, la música me recuerda, otra vez, a Fidel. Continúo en la prisión de sus palabras. Reitero que extrañar es una acción que debiera anularse. La nostalgia sólo mancha este tiempo alejada de su cuerpo.
La tiranía de poseer destruyó hasta las mismas posesiones, aislándonos de un lado y del  otro de la ciudad.  Placer de entregas no cuestionadas en las vivencias mismas, pero atacadas en  la posterioridad por  los enredos de la cabeza. Obstrucción total, el  amor es  incompatible con las estructuras prefijadas, prefijadoras. No mucho que entender, mejor dicho nada. Fluir y compartir, eso importaba. Eso igual no bastó.
Del último encuentro quedaron mis llantos transpuestos a todas las combinaciones de frases posibles. Él pintaba los cajones del escritorio maldito que guardaba fotos de su antigua mujer. Yo estaba seca, como las ramas en otoño. Como los ríos del norte. Como el viento del sur. Más no puedo acordarme, el deseo de borrar aquella noche venció a mi memoria.
Me amarro a lo poco que queda, a la inmensidad de las posibilidades futuras, implemento cualquier estrategia para olvidarlo. ¿Acaso  no soy dueña de lo que puedo sentir? Pareciera que no. O tal vez, me encante bañarme en un mar de masoquismo.
Me levanto de un salto, mi sed pide una copa de vino. Me rio sola por la misma angustia que mi piel absorbe. Las caricias para reparar las fracturas fueron robadas por la ambición de quedarnos pegados a un inútil sentido. Me quiero ahogar en el dulce de la uva fermentada, entregarme a los placeres que habíamos reprimido. No obstante, no puedo dejar de replicarme la idea que no voy a ser más mujer porque abra las piernas, ni tampoco más amada.
Más allá de todo lo planeado y pensado, la locura de amarlo tanto me despojó hasta de mí propio ser.  Lo único que esperaba al abrir los ojos ,luego de cualquier sueño, era aferrarme a sus brazos. La falta de movilidad propia terminó por saturar nuestro micro mundo. ¡Cuánta libertad había cedido por su mínima porción de ternura! Y sin embargo, la clave tampoco estaba allí. No existía, había que dejarse llevar, seguir las pulsaciones, romper con las falsas aspiraciones. 

Deborah Valado // 2011

jueves, 24 de noviembre de 2011

Disciplina, locura y amor // PARTE UNO





Cultura del miedo, del ocultamiento del deseo, de las pulsiones más salvajes que movilizan al cuerpo. Entre las contradicciones cotidianas del querer y deber, de lo temido, de lo perdido, del sujeto que acaricia los males y penetra en las tinieblas, acá estamos… presos de ilusiones que también ya han sido enajenadas.


Desde el tren solidario de Evita, hasta los patrones de las multinacionales, los políticos en bancas cedidas por el voto universal secreto y obligatorio, la espera no deja de humillarnos. La delegación nos apunta el dedo para depositar culpas en otros agentes omitiendo que las autenticas micro revoluciones nacen del seno de uno mismo. Cuestionar, entonces, quién es uno mismo, develará los sueños del terror que fueron inculcados mediante las canciones de cuna, de la patria y los radiotransmisores con voces dominantes.


Acá estamos… disparando los cañones contra el pasado evadiendo que muchos sedimentos de la construcción militar aún no han sido barridos en este presente. Las paredes, ayer violentadas por los acosos de los cascos verdes, hoy son tapadas por nuevas requisas policiales en busca de cigarros de marihuana para sólo justificar el sueldo. Pero las noches no siempre serán victoriosas, las cargas de histeria en alguna mujer seguramente los retraerá a los llantos de los niños que sus pares secuestraron en aquellos centros clandestinos y la angustia los terminará de enloquecer.


Y los recuerdos no son sólo nacionales, vivimos en una América lastimada por las picanas electrocutantes de las mentes. En muchos casos, la coerción no ha sido necesaria. Los pequeños libretos de los dueños del poder fueron aprendidos por muchos padres y transmitidos a sus hijos. Escuelas, libros, guardapolvos, empresas, hospitales, iglesias: más instituciones que cercan la libido. Pero antes de todo ello, bien lo dije, los padres son los primeros en asfixiar nuestro cerebro. Y no son cuestiones de verdades absolutas, porque de las firmezas en las afirmaciones sólo se desprende mi locura por encasillar, la perversión, esa constante reiteración. Tal vez, todo ello devenga de esa palabrita denominada “alienación” multiplicada en los neo marxistas hasta para chamullarse minitas sin darse cuenta que ellos terminan representándola en el mismo acto alienante de quedarse encerrados hablando por teléfono anhelando la famosa revolución!


Y acá estamos… acá estoy desvelada de amor, de aquella debilidad que no pude descubrir hasta arrancar el lazo maternal por paradójico que haya sido. Porque el amor se supone universal, pero insisto, hay padres que hacen temer de él. La eterna enfermedad de la cobardía afectó mis acciones. Entonces, liberarme, también, me dio miedo. Estancarme igualmente. En el medio la vida, mi vida, dubitativa. Y las lecciones señaladas y aprendidas para no ser aislada en un loquero sólo me condujeron abrir la heladera al final del día, encontrar los bombones de chocolate vencidos del primer chico que tuve, comerlos con la vista, cerrar la puerta, volver a mirar novelas y no vivir! Tristísimo, ¡no quiero más eso! ¡Mejor, me voy a navegar!







Deborah Valado //2011

martes, 22 de noviembre de 2011

Algunos sueños



-          ¿Querés jugar?
-          ¿A qué?
-          Respóndeme si querés jugar.
-          Bueno, pero primero decime a qué.
-          ¿Tantas preguntas necesitas? ¿No confías en mí?
-          Como no voy a confiar en vos, gila.
-          El gila estuvo demás. Decime sí querés o no jugar.
-          Está bien.
-          ¿Sí o no?
-          Te dije, está bien.
-          Como te cuesta decir  sí. Siempre lo mismo vos, pero no importa. El juego es uno nuevo que inventé yo, más bien, lo acabo de inventar me parece. Es así, tomamos unas cajas y en cada una de ellas, ponemos frases, que el otro  no sepa cuáles,   de películas, telenovelas, series, obras de teatro  según el género y luego al azar las interpretamos frente al otro, ¿qué te parece?
-          ¡Cuánta imaginación que tenés! Me sorprendes.
-          Martín, no me tomes el pelo.
-           Luly, no te tomo nada. Pero me dio gracia que dijeras que vos lo inventaste, porque  algo parecido jugué la semana pasada en la clase de teatro.
-          Ah, bueno, perdón, yo todavía no voy a las clases, me las arreglo como puedo para jugar a ser otra.
-          Está bien, no te saques.
-          ¿Sabes qué? Ahora me parece que no quiero jugar. Me  quitaste las ganas.
-          Eso se llama histeria femenina. ¿Acaso estás indispuesta?
-          ¡Qué hijo de puta que sos! ¿Cómo te atreves a decirme eso?
-           Yo no quiero decir nada, pero a todas les pasa lo mismo.
-          Bueno, pero, ¿sabes?, te equivocaste, no me vino un carajo.
-          Me decís a mí, pero la boquita que tenes vos deja mucho que desear.
-          ¿Ahora me vas a decir cómo tengo que hablar yo? Lo que me faltaba.
-          ¡Por Dios! Te propongo mejor si improvisamos alguna escena, ¿te va?
-          Mmm…
-          Ves ahora la que no responde de una sos vos, después me decís a mí.
-          Ni me dejaste hacerlo. Sí, me copo, pero yo propongo el tema sobre el cual hacerla.
-          Siempre autoritaria vos, pero dale ya fue.
-          Somos una pareja que está a punto de divorciarse.
-          Siempre la misma idea, decí que no soy tu novio, si no pensaría que me queres dejar disimuladamente.
-          ¡Qué pavote te pones!
-          ¡Ay!, perdón, ella...
-          Me haces reír, sábelo.
-          Mira, no quiero ser malo, pero  tu tema es trillado. ¿Me dejas proponer otra cosa?
-          Después me decís autoritaria a mí y me bardeas.  ¿Vos qué sos entonces?
-          ¿Podemos dejar de pelear?
-          Vos empezaste.
-          Está bien.
-          ¡No! No me des la razón como a los locos, ¿puede ser?
-          ¿Me vas a dejar proponer algo?
-          A ver, ¿qué idea magnifica tenes?
-          Como te gusta…
-          ¿Cómo me gusta, qué?
-          Nada….
-          Uff…
-          Sos una linda loca, una loca linda. Volviendo al tema de la impro, podemos ser  dos mercaderes varados en una habitación hasta el otro día de compra. Desde allí, el que hable primero da pie a la propuesta específica y así vamos desarrollando el conflicto.
-          ¿Dijiste dos mercaderes, hombres?
-          Sí, ¿qué tiene? ¿No me digas que te molesta? En la vida del actor hay que pasar por cualquier X situación. Es así, pura adrenalina. ¡No te va a venir mal ponerte los pantalones enserio!
-          Sos maldito cuando queres. Está bien, me someto al reto. Soy tan buena que cuando sea una actriz famosa, te voy a reconocer como mi  primer gran maestro.
-          Gracias, hermosa.
-          ¡Mátate!
-          ¡Cuándo quieras!
-          ¡Basta de delirios! ¿Necesitamos algún vestuario? Creo que algo podemos sacar a mi hermano.
-          Puede ser… pero mejor no, deja… así como estamos, estamos bien.
-          Ok. ¿Quién comienza? Yo me quedo acá tirada en la cama, no tengo muchas ganas de moverme.
-          Empiezo yo. A la una, a las dos, acción. Escúchame José, me parece que no hice bien las cuentas y la señora del mercado de la Bahía se quedó con el vuelto.
-          ¿En dónde tenes la cabeza? Nos vamos a terminar fundiendo si seguís pensando en cualquier cosa, más específicamente, en polleras que no te corresponden.
-          Te prometo que fue mi último error.
-          No me prometas nada, Dios te está escuchando.
-          Igual te confieso, Luisa es la mujer que me trasporta a otro mundo.
-          A mi no me recites poesías.
-          Ya estás viejo, por eso no sentís el amor tal cual yo lo siento.
-          Mis 70 años no olvidaron la pasión.
-          Como usted diga señor. ¿No querés un refresco? El calor y el cansancio del viaje me  aploman.
-          No, gracias. Sólo quiero dormir un rato.
-          Pero nena, ni empezó la acción y, ¿ya te querés dormir?
-          Martín, me sacaste la inspiración. Es parte de la escena, ¿por qué interrumpís? Podes hablar sólo y después me despertas o cuando escuche algo interesante me levanto.
-          Sí, es verdad, perdóname.
-          ¡Qué sea la última vez!
-          Hacete la dormida de vuelta. Escena dos. A la una, a las dos, acción. ¡Cómo ronca este viejo! ¿Quién lo diría? Pensar que a mí se me fue el sueño y él duerme como un niño. Aunque lo veo y me recuerda a mi padre. Sí, ese viejo ofuscado pero con mucha vitalidad y, de vez en cuando, con sonrisas que agrandan su rostro.
-          ¡Carlos!
-          ¡No dormiste nada! Decime.
-          ¿Te parece poco una hora? Mi cuerpo ya es otro. Tuve  un sueño extraño. Estaba en una Isla y un tábano se posó en mí y me indicó ir a cavar y como hipnotizado fui y encontré un jarrón lleno de oro.
-          Vos siempre ambicioso, ¡hasta en tus sueños!
-          Imagínate yo con ese dinero, lo que podría hacer, o al menos con una pequeña porción.
-          ¿Una pequeña porción?
-          Sí,  y con ello nunca más salir a recorrer comercios, sólo quedarme en el jardín de alguna casa podando mis árboles.
-          Yo tengo algo ahorrado.
-          ¿Qué?
-          Yo tengo algo ahorrado y podemos hacer un trato.
-          ¿Un trato?
-          Sí, te ofrezco que me vendas tu sueño a cambio de trescientas monedas de oro.
-          ¿Me lo estás diciendo enserio? ¿Por qué yo te lo vendería?
-          ¿Acaso no te interesa esa cantidad de dinero para no trabajar nunca más?
-          Sí, pero es extraño que vos quieras comprarme el sueño, como el sueño mismo que tuve ¿cómo te lo doy?
-          De las transacciones yo me encargo, ¿estás dispuesto o no?
-          Hasta que no vea las monedas delante de mí no lo creo.
-          Pues bien, ahora las busco, las tengo en mi bolso.
-          No, deja, confió en tu palabra.
-          Luly, ahora podemos poner  como una voz en off para finalizar, ¿te parece?, así contamos lo que les pasó.
-          Dale, pero ya estoy cansada, tengo las neuronas quemadas. Así que termínalo como quieras.
-          Está bien. A la una, a las dos. Acción. Carlos estaba convencido de comprar el sueño porque mientras José dormía había visto salir y entrar un tábano por su nariz. Al escuchar el sueño que había tenido, dio cuenta que podría ser verdadero aquel relato. Hicieron el trato, Carlos compró el sueño y con dichas instrucciones viajó a la Isla, encontró el tesoro y se convirtió en el hombre más  rico y feliz del mundo. José, tuvo sus trescientas monedas de oro,se compró su casa con jardín, pero nunca más volvió a soñar.
-          ¡Bravo, bravo! Lástima que siempre hasta en los juegos querés que pierda. Mejor ándate, no quiero pelear.
-    




Deborah Valado// 2010







viernes, 18 de noviembre de 2011

Senderos

PH: Deborah Valado //2011

Personajes


Se quedó toda la noche  en la confitería. No observaba a los bailarines, sólo escribía.
Molestias internas. No tenía una dirección definida. Se sujetaba en cada cartel de ruta. Fue jugando con el azar más injusto, pero no tuvo en cuenta  que el ayer era un lugar para no volver. Esos cimientos de errores no debían haber sido olvidados. Tantas voces perturbaron la propia. Nunca escuchó la verdadera opción. El juego ya había concluido.
    Las simplezas también  parecían olvidadas. Los chicos dejaron los juguetes por las chicas. Ellas prefirieron un beso de ellos. Sin embargo, no a todos se les había presentado las reglas tan sencillas de comprender para llevarlas al mundo concreto.
 En ese momento, no entendía la dureza de aquellas convicciones puestas sobre la mesa. Sus pasos se estancaron  sobre esas hojas de polvorientos cuadernos. La vida la tenían ellos. Martina se había apropiado de las palabras para describir sus vigilias. O tal vez, fue al revés, sin darse cuenta  ellas la capturaron. En muchas ocasiones ya no las soportó más, no obstante, resistieron  a los desalojos.
      Las luchas además eran compartidas entre los distintos personajes y ella. Sobre la misma rescaté unos párrafos que desechó en el alba.
          “... Lo demás pertenece  a  la selva. Aquellas bestias convierten a mi instinto en hechos. Arriesgar las palabras elimina los segundos de armonía...Si el personaje decide moverse entre la libertad misma, deberá asegurar las respuestas. Podrá ser omnisciente. Aunque el precio sea elevado, también aceptará la locura.
                Garganta acalambrada. Siempre olvidamos el cambio de roles. Tantas voces tapizarán la propia. Y ese dominio develará un poder temeroso. Nadie sería capaz de tachar las líneas no acordadas. Pero no queremos terminar cediendo. Arrebatamos el cartucho. Nos levantamos, tomamos un sorbo de agua, regresamos con un lápiz. Le postulamos de nuevo la batalla. Agregamos otro ejercito de personajes para ir desgarrándolos. Pocas veces obtenemos el triunfo. Cada  vocablo los enriquece más.
                Sólo el silencio los podría matar.” 

Deborah Valado //2008

jueves, 10 de noviembre de 2011

Martina


Ella tan sutil y rabiosa. Detrás de cada piel escondía un nuevo enigma. Pero sus pupilas miel delataban  la  total sensibilidad.
Desprolija, sin terminaciones concretas. El orden se quedaba a  un lado de la rutina. Las mañanas se consumían en las almohadas. Las tardes podrían ser para el estudio oficial.  Y las  horas de las noches se peleaban entre guitarras, libros, cuadernos, computadoras y mucha comida. Pero nada se definía por completo. 
           Expresiones raras. Hablaba sin darse tiempo a respirar. Aunque entre mates ajenos no podía ni gesticular los labios. Esas contradicciones la apartaban del complejo mundo social. Oscilaba entre  la hipocresía o ser natural y optar alejarse un rato más. La pantalla quedaba blanca y se enfrentaba sola a cada acto.   Los ritmos eran muy diferentes.  Ante los hechos  desaparecían las líneas del tiempo. Pero el futuro siempre parecía esperarla. En sí, nadie podría  evitarlo, salvo con tres tiros.
            Alguna vez recordó  de nuevo su  juventud. Sin embargo, prefirió seguir corriendo. Ella sabía que no era posible la vuelta; esas imágenes quemarían también la etapa presente. Debía enfrentarse con el cuerpo de mujer. Aceptarse en un nuevo punto de vista, sin refregar los viejos hechos. La maduración de su propio árbol, todavía no daba indicio. Los caprichos seguían regando sus raíces.
             A menudo, se perdía para volver a encontrarse con sorpresas. Estaba, como todos, en un eterno aprendizaje.  Pero se obstaculizaba  de palabras ajenas. Entre tantos imperativos, no podía ni escuchar sus propios auxilios. El mundo externo se canalizaba ahuyentando su instinto. Ahí volvía a retroceder. Eran los mismos  pensamientos, los que inventaban barreras.
           Ella tan hermosa y aislada en su mente, no se reconocía entre sus  labios finos, cintura moldeada, cadera angosta y largas piernas. Sus  protestas insistían  en la moda del momento. Aunque, el descuido no era de tal envergadura  que afectara dicho físico.  Había semanas donde la dieta era pura exclusividad. Balanzas absurdas que competían con un espejo mental. Pero todo volvía a ser natural, y otra vez  aparecían los gustos. Aunque muy a menudo  la atacaban  los ejércitos de delirios.

Deborah Valado// 2008 

jueves, 3 de noviembre de 2011

Pecados


           Intenso chocolate. Chocolate  que se derretía en mi boca, en tu boca. Suavidad entre la lengua y el paladar.  Amarga y sabrosa degustación. 
            Saboreábamos con lentitud.Nos mojábamos los labios, una y  otra vez. Cerrábamos los ojos para aumentar el placer.
           La ansiedad no controlada nos había hecho olvidar salir con disimulo. El dueño advirtió nuestro ilícito. La policía condenó nuestra gula. 

miércoles, 26 de octubre de 2011

¿Vos estás?





¿En quién pienso mientras tanto?


Dejo pasar los aviones,


espero otros sabores.


No retengo tus dilemas,


los próximos paseos


ya no hablarán.


Ahora las palabras se


desencadenan para


prosperar la salida del sol.


Anoche los árboles desaparecieron,


hoy las sombras deben ser propias.


Te pregunto para no


ausentarte del diálogo.


Las formas irónicas forman


puentes desviando


la trama real,


¡a veces vos también


te equivocas de humor!






Deborah Valado //2008

martes, 25 de octubre de 2011

Revista: Revolver de Nectar





TAPA del nro 1 de Revolver de Nectar, que sale ya –el 1 de noviembre- !!!! La misma va a ser vendida por artistas en distintos espacios urbanos.


Más info en: revolverdenectar.com.ar

jueves, 20 de octubre de 2011

Acerca de vos...


Esa risa, tu risa. La escucho intermitente, la percibo muy cercana, aproxima tu deseo, rivaliza mis debilidades, esconde tu ferocidad, sacude las hojas secas, devela tu disfrute, quiebra la comodidad, dibuja suavidad, extiende tu cuerpo, recrea complicidades, omite franquezas, edifica hipocresías, circunda mis pecados, incomoda a la especie, enciende la ira de los monjes, asfixia la calma, invita a una fiesta de burbujas, escapa al beso, imita a los burgueses, siembra lo artificial, presencia temores, envuelve a la noche, demuele muros, apesta los velorios, compra a las señoras, sobrevive ante las angustias, acelera mis pulsiones, irrita al amanecer, estropea a la soledad, maldice a la sombra, dialoga con los necios, funda el terror, discute con los soberbios,  disgusta a los moralistas, desorienta mis impulsos, figura alegrías,  protesta ante los señores, define tu alma envenenada, disfraza tu ego, congenia con los niños, ignora el conflicto, canaliza tu timidez, esclaviza mi atención. 

Deborah Valado // Septiembre 2011

lunes, 17 de octubre de 2011

Contra la corriente


Verborragia de fin  y principio de siglo. Entre el caos del encierro, Calamaro  volcó  sus 103 temas  en el primer box quíntuple de la historia del rock nacional.  Contra todas las expectativas del mercado discográfico,  “El salmón” se instaló en las bateas.   Las sesiones fueron sin horarios . La mayoría de las grabaciones fueron caseras,  realizadas en un portaestudio.  Las canciones tenían que plasmarse antes que se las robara el viento. Así, Andrés sólo se desvivía para componer  y grabar entre Buenos Aires y Madrid contando con la principal colaboración de su camarada, El Cuino Scornik.   
“El salmón” podría catalogarse como la creación a modo de protesta de un mundo  banalizado. Ante ese contexto,  Calamaro se resguardó en  su arsenal de canciones. Sus  influencias, tales como las películas   “Pánico y locura en las Vegas” y “Apocalipsis Now”, enfatizaron  su estado épico y bestial.
 Los cinco dedos, tal como los denominó  Calamaro a cada uno de los discos, son las nuevas  grabaciones encontradas del año 2000. Son una especie de  compilación que  reflejan  al artista.  Así, se  desnuda  destacablemente en sus facetas de compositor y productor.
Ya no son, sólo,  temas dedicados a sus  mujeres. Ahora, además, habla de ellos, los músicos  que como él  tienen  al rock encarnado en las venas. En “Somos feos” parece  disculpase  ante esa forma de vivir,  se justifica a través de las canciones, las cuales quieren darlo a conocer una y otra vez.  
Juega con la voz, con  los hits veraniegos, las poesías más íntimas y violentas. Ambiciona  a todos los  ritmos, tales como  el  rock and roll en su estado más puro, el pop, el tecno, el folklore, el mambo, el tango  y hasta en tono burlesco se acerca al metal en “Metálico Cha-cha”. Asimismo,  quiere darse todos los gustos posibles, es así que hasta vuelve a interpretar  “No se puede vivir del amor”.  A eso le sigue una larga  lista de covers de los Beatles, Yupanqui y  Discepolo entre tantos otros. 
En el desorden se encuentra oculta una  sintonía de mucho rock  de guitaras por sobre todo. No hay  pasos precisos para escuchar todo el box. Tal vez,  escucharlo de un solo tirón podría causarnos la sensación de asfixia. Por las dudas, es mejor irlo picando de a poco. 

Deborah Valado // 2008 

domingo, 16 de octubre de 2011

Los Gardelitos



Ph: Deborah Valado // Estadio Malvinas Argentinas - 2008 
Es que nadie cree en mi canción, es que nadie espera nada de mí.Todas
estas mierdas me hacen pensar que Dios me olvidó. Y por eso es que quiero
abrir mi cuerpo a las lluvias tibias del camino aquel, donde mueren estos
negros pensamientos, donde nace el viento de la libertad. Uhu, libertad...

miércoles, 12 de octubre de 2011

Rutina


                   Escucho la alarma del celular,  detrás de las cortinas percibo que  llueve.Abro los ojos, lo primero que veo son las teclas casi rotas, las presiono y vuelvo a encerrarme en el sueño. Me imagino las actividades pendientes que me esperan y ya desespero. Trato de focalizar la mente en aguas termales, en playas paradisíacas, pero nada, absolutamente nada, me extrapola de la rutina. Resignado salto de la cama. Voy directo al botón de encendido de la notebook, lo aprieto y recién al ver los primeros caracteres emprendo camino al baño.
                   Dichas acciones se  reiteran a lo largo de toda la semana. Ya no me cuestiono sí están bien o mal, sólo las hago como parte del sistema en el cual habito. Difícil sería escapar de las mañanas si quisiera ser un hombre respetable de oficina. Difícil sería que no sintiera  hastío y no lo camuflara en billetes de colores. 

Deborah Valado // Octubre 2011

lunes, 3 de octubre de 2011

Parque




Viernes 25 de Octubre del 2007. 10 de la mañana. Cielo despejado, fuertes rayos de sol.  Parque  Rivadavia, miradas, en principio,  desde la  Noria Histórica, glorieta para el vulgar decir.
En el banco de cerámica de la glorieta: dos señoras conversando. La de la derecha: descalza, reposando los pies sobre las plantillas. Al lado, las zapatillas deportivas de cuero blanco con cordones desatados. Tiene pelo corto, ondulado y teñido de tono caoba. Está con una musculosa blanca y short azul. Habla acompañada de continuos gestos con las manos. La de la izquierda: rubia, cabello hasta los hombros, bincha negra de hilo fino, músculo negra de morley, jogging verde, campera sobre la falda, zapatillas deportivas con resortes naranjas, de cuero blanco y detalles negros de tela.
–Pensaba en los chicos... – comentó la rubia. No tuvo respuestas.
La glorieta está bien cuidada: pared pintada de blanco, sin ninguna mancha ni escritura, ni rajaduras; las baldosas parecen enceradas,  alrededor no hay ningún papel tirado, ni hojas de los árboles más cercanos. Todo impecable está tal como el resto del parque. El costado del  escalón, donde estoy sentada, se recubre de chapa, el suelo es de piedritas naranjas, tierra y arenilla colorada.  La placa de bronce que está sobre la glorieta informa que fue convertida en fuente en el año 1928. Se escucha el agua que corre por una canilla de la misma.  La fuente tiene agua limpia, fondo sin basura, pintada por dentro de celeste, afuera blanco. Sobre la pared del lado de la fuente, arriba hay un  hornero, un farol, debajo un bronce de la fisonomía de un león con una canilla,  hay otras 8 canillas, pero sólo sale agua del costado de la pileta más chica.
Por el paseo del centro circular de cemento: una mujer camina despacio, detiene su mirada en el árbol, sigue su camino. Un hombre trota con auriculares puestos, gorra blanca, short azul, zapatillas “Toppers” y musculosa amarilla.
La mujer de al lado se retira, queda la otra sola.
Adelante, en diagonal, el monumento al General Simón Bolívar. Pasa una chica con la bicicleta en la mano, se acerca al bebedero  de cemento del costado de la glorieta. Sale poca agua, parece que la canilla está oxidada. Pasa una anciana del brazo de una mujer mucho más joven, en dirección opuesta una mujer que lleva un bebe en el changuito.
Al costado izquierdo de la glorieta, a unos 10 metros: una palmera, grandes hojas verdes y tronco bastante rajado, debajo un banco donde la sombra resguarda a dos chicas que conversan. Del otro lado: un puesto  de garrapiñadas junto a un kiosquito mediano. Están  cerrados. Son de chapa pintada de verde, tienen cadenas que lo rodean y  4 ruedas de goma gastada.
Notas generales: canto de pájaros, gente haciendo ejercicios, zapatillas deportivas, lentes, chicas sentadas tomando sol, bancos de cemento, flores de varios colores, toallas, mujeres caminando.
Otro hombre se acerca al bebedero. Desprolijo, barbudo,  tiene unos anteojos de marcos grandes, alpargatas de lona gastadas, pulóver de rombos con agujeros y camisa blanca de mangas largas. Se inclina  a tomar agua,  apoya los labios en la canilla, sostiene sus manos en las rodillas, toma agua dos veces y se retira. Yo también voy  recorrer el parque.
Feria del libro (entrando por la avenida Rivadavia): a la derecha está el pasaje peatonal, las mesas de cemento dividen parte del mismo con la feria. Antes de la propiamente dicha feria del libro hay un puesto de panchos. Carrito rojo, heladera, sombrilla verde, tres frascos de aderezos – amarillo, blanco y rojo–, un taper con papas fritas pequeñas, seis gaseosas, servilletas de papel, la olla, pan y salchichas. El vendedor habla con otro puestero. Detrás está la reja que tiene un cartel que indica el principio de la feria. No hay casi gente que la  recorra, está dividida en varias partes, sólo tomo apuntes de algunos puestos.
  Puestos de revistas: viejas, de rock, arquitectura, historia, fotografía, deportivas, literarias, femeninas, humor, chismes, etc. Carteles que denominan los puestos e indican los tipos de textos que venden y/ ó  compran.  Textos primarios, secundarios, terciarios, en ingles.
Mesas de  con cajas de ofertas: libros de novelas de acción y románticas, cuentos, de autoayuda, científicos, populares, best seller.
Algunos autores de libros de la primera fila: Felipe Pigna, Stephen King, Anne Rice, Roberto Pettinato, Voltaire, Sabato, Casona, Kafka.
En los puestos del medio predominan los VCD‘s, juegos, películas grabadas, CD’s originales y grabados, nuevos y usados, DVD’s musicales, Mp3’s, carpetas de presentación de discografías y películas nacionales e internacionales.
Por último, camino hasta unas escaleras que están sobre Rivadavia a la altura de la parroquia: Nuestra Señora de Caacupé. Atrás mío  están las rejas que cercan todo el parque. La mitad de los escalones están cubiertos por  la sombra del árbol de tronco inclinado sostenido con un palo de  hierro. En la vereda: una tela estirada. Diversos objetos a la venta sin precios indicados: collares de piedritas brillantes y coloridas, de semillas, de porotos, de hilos tejidos, con metal y  sin metal. De distintos tamaños: largos, cortos, anchos y finos. Además hay pulseras, tobilleras, pipas y aros. El vendedor está conversando con una señora que se queja de la brigada. Sólo hay cinco  puestos –mantas estiradas sobre el suelo–  de ventas sobre la avenida.  
 Por la avenida: (corta el semáforo) un auto gris, dos bicicletas, dos colectivos de la línea 132, una camioneta, otro colectivo de la línea 5 y  una moto. Luz verde, arrancan todos y  pasa una bicicleta a contramano.
Es  mediodía, el apetito es grande, me voy a comer. Hora de mi almuerzo.


Deborah Valado //2007